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La gobernanza de la IA en centros educativos protagoniza el primer Foro de Directivos de CECE Madrid

hace 2 horas
5 min de lectura

El Colegio Stella Maris La Gavia acogió el pasado 14 de octubre el primer Foro de Directivos del curso, una mañana dedicada a una pregunta que los equipos directivos tienen cada vez más cerca: quién decide el uso de la IA en el centro, con qué criterios y con qué límites.


Durante dos horas y media, directivos de centros educativos madrileños compartieron sala con un jurista especializado en derecho digital, con el responsable de aplicaciones asistenciales de uno de los mayores grupos hospitalarios del país y con las miradas del IESE y de BlinkLearning.


La IA es literal, y las personas no

Borja Adsuara, doctor en Derecho, abogado y profesor de la Universidad Villanueva (colaborador de CECE Madrid), abrió el foro por donde empieza todo: por el significado de la palabra inteligencia. A partir de su etimología, inter-legere, recordó que inteligir es elegir entre varias opciones la mejor y, sobre todo, leer entre líneas.


Y ahí está la diferencia: la inteligencia artificial no entiende ni es consciente, opera calculando qué palabra es más probable después de la anterior y es estrictamente literal. Aplicar esa literalidad ciega a decisiones que afectan a personas lleva al viejo riesgo jurídico del summum ius, summa iniuria: la norma aplicada sin contexto acaba produciendo injusticia.


Desde ahí repasó el Reglamento europeo de IA y, en particular, su artículo 50: todo contenido sintético o manipulado debe indicar que se ha generado con IA, y la autoría y la responsabilidad legal son siempre humanas, de quien escribe la instrucción, nunca de la herramienta.


En protección de datos insistió en que lo que se protege no es el dato aislado, sino la flecha que une el dato con la persona, y distinguió la anonimización de la seudonimización, que mantiene una tabla interna de equivalencias y resulta especialmente útil en colegios para atender necesidades específicas sin exponer información al exterior.


Al aterrizar en el ámbito educativo fue concreto. Hay usos directamente prohibidos, como inferir o reconocer emociones del alumnado en el aula. Hay usos de alto riesgo que exigen garantías y supervisión humana continua: la admisión de estudiantes, la evaluación del aprendizaje, la orientación académica o la vigilancia de conducta en exámenes.


Y hay riesgos organizativos que dependen por completo de la dirección, empezando por la shadow AI, es decir, docentes y empleados usando herramientas gratuitas desde sus dispositivos personales. Su recomendación fue clara: entornos corporativos cerrados o soluciones de pago en local, porque si no pagas con dinero, pagas con datos. Alertó también sobre la degradación de las fuentes en internet, con contenidos generados por IA que se retroalimentan entre sí, y sobre la pérdida de destrezas cognitivas cuando el alumno usa la herramienta como atajo. Cerró con la idea que atravesó toda la jornada: en el viaje está el aprendizaje. La IA es un gran asistente para quien ya domina un proceso, porque detecta el error de un vistazo; delegar sin criterio previo solo sirve para asumir errores verosímiles.


Una GuIA para la gobernanza de la IA en centros educativos

A continuación, Lucía López Rivero y Raúl, de ICONO, presentaron la GuIA para directivos educativos, elaborada por CECE Madrid en colaboración con ICONO a partir de las consultas de los propios directores y al hilo de la entrada en vigor del Reglamento europeo.



La guía parte de un principio sencillo: la IA no sustituye el criterio profesional ni toma decisiones por el equipo directivo, y su valor está en liberar tiempo para las personas. Para llevarlo a la práctica incluye un semáforo de datos que ayuda a decidir qué información puede compartirse con un asistente; el método VERA, cuatro comprobaciones (veracidad, encaje, riesgo y autoría) antes de dar por bueno cualquier resultado; fichas por tareas reales de la dirección, desde la comunicación con las familias hasta las actas, el análisis de encuestas o la preparación de conversaciones difíciles, cada una con prompts listos para adaptar; y un bloque de plantillas editables para dejar los acuerdos por escrito: la política de uso del centro, la autorización de cada herramienta y la evaluación de cada prueba piloto.


Lo que la sanidad puede enseñar a los colegios

Daniel Blanco Hortal, director del Área de Aplicaciones Asistenciales e Interoperabilidad del Grupo Quirónsalud, trajo la experiencia de un sector donde el margen de error es mínimo. Blanco, que participó en el Foro gracias a nuestro colaborador SAMSUNG, partió de un problema reconocible también en los despachos de dirección: la burocracia digital había convertido la pantalla del ordenador en una barrera entre el médico y el paciente, restando contacto visual y empatía.


De ahí nació Scribe, integrado en su plataforma de historia clínica móvil. Durante la consulta, el sistema escucha la conversación, la transcribe, extrae diagnósticos y antecedentes y redacta borradores de informes y propuestas de prescripción o de pruebas. La decisión y la validación finales siguen siendo siempre del médico.


Los objetivos, por orden, fueron cuatro: humanizar la asistencia devolviendo la mirada a los ojos, reforzar la seguridad clínica, ganar eficiencia y recuperar tiempo de calidad con el paciente. Los resultados acompañan: desplegado desde junio de 2024, suma más de diez millones de consultas atendidas, más de 11.000 médicos en más de cincuenta especialidades, un 80 % de penetración en urgencias, un 22 % de reducción de tiempos asistenciales y una mejora de ocho puntos en la satisfacción del paciente. Su conclusión encajó con el hilo de la mañana: antes de implantar nada hay que fijar objetivos y directrices, y conseguir que todo el equipo esté a bordo.


El esfuerzo es el único predictor del aprendizaje

La mesa redonda final reunió dos miradas complementarias. Víctor Martínez de Albéniz, del IESE, trasladó al colegio la lógica de la gestión de operaciones: el curso escolar es un proceso con entradas y salidas que debe garantizar calidad, productividad y cumplimiento íntegro del currículo. Advirtió de que el modelo de aulas cerradas dificulta detectar desviaciones y, sobre todo, transferir las buenas prácticas docentes de una clase a otra. Y pidió prudencia con la adopción tecnológica acrítica, recordando el caso sueco, donde las primeras escuelas en incorporar ordenadores empeoraron sus resultados. Su premisa fue tajante: el esfuerzo es el único predictor del aprendizaje, de modo que si la tecnología elimina la fricción cognitiva, el impacto pedagógico acaba siendo negativo.


Daniel González, de BlinkLearning, partió de la misma distinción entre rendimiento y aprendizaje: un alumno que entrega un trabajo impecable en minutos con un modelo de lenguaje ha rendido mucho y ha aprendido nada. Recuperó después el dilema de las dos sigmas que Benjamin Bloom formuló en 1984, según el cual la tutoría uno a uno mejora el rendimiento en dos desviaciones típicas pero resulta inviable por falta de recursos y de docentes, y planteó la IA como la vía para acercarse a ese ideal, siempre que se integre bien.


Gonzáles propone un modelo en el que se usa la IA, pero el docente es quiene está en el centro. En el modelo desarrollado por BlinkLearning, con su tutor Mäx, es el profesor quien diseña los objetivos y los contenidos a partir del currículo oficial; el tutor acompaña al estudiante de forma socrática y devuelve después al docente los informes y las transcripciones completas, para que sea él quien evalúe y decida cómo guiar a cada alumno. Las pruebas con más de quinientos estudiantes mostraron mejoras de entre 0,35 y 0,5 desviaciones estándar en pensamiento crítico.


Todo vuelve a las personas

La clausura corrió a cargo de Vidal Sánchez, presidente de CECE Madrid, que recogió el hilo de la mañana comparando la inteligencia artificial con las primeras herramientas de piedra: la tecnología hay que elegirla con criterio y ponerla al servicio de las personas, que son el centro de cualquier institución educativa: "Que todas estas herramientas nos lleven a cuidar a los profesores y al personal no docente, a los alumnos y a las familias".


Gracias al Colegio Stella Maris La Gavia por abrirnos sus puertas, a todos los ponentes, y a la Universidad Villanueva, a ICONO, a Samsung y a BlinkLearning por apoyar este encuentro, así como a todos los equipos directivos que dedicaron su mañana a reflexionar juntos. Somos porque pertenecemos, y por eso nos gusta ser lugar de encuentro.



 
 
 

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