José María de Moya, director general de Siena Educación, ¿qué te cuentas?
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En este nuevo Qué te cuentas, nos acompaña José María de Moya, una de las voces más autorizadas y con mayor perspectiva del sector educativo en España.
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra y MBA por el IESE, José María de Moya es el director general de Siena Educación y director del periódico Magisterio, referente indiscutible de la actualidad docente. Su trayectoria es el reflejo de un equilibrio perfecto entre el rigor periodístico y la innovación tecnológica. Ha liderado la transformación digital del Grupo Siena y ha sido el arquitecto de proyectos pioneros como Scholarum (el primer comparador de colegios en España), la plataforma legislativa Magislex o el centro de formación online INAV.
Dirigir un periódico decano del sector educativo te sitúa en un lugar privilegiado y también delicado. ¿Cuál cree que es hoy la responsabilidad real de un medio especializado dentro de la comunidad educativa?
Dirigir un periódico que cumple 160 años —más de siglo y medio— da un poco de vértigo; que nos lo carguemos sería una vergüenza. Es una responsabilidad, pues Magisterio se ha editado ininterrumpidamente durante todo este tiempo.
Modestamente, creo que nos hemos convertido en el medio de referencia y prácticamente el único que aborda la educación desde un punto de vista holístico: cuestiones laborales, política educativa, informes, recursos, tecnología y el papel de las familias; un abordaje 360. Hay otros medios quizás más centrados en temas específicos, pero el nuestro es un abordaje global. Sentimos la responsabilidad de mantener informados a los 80.000 profesores que reciben nuestra newsletter y a los 10.000 colegios que reciben Magisterio.
También tenemos la responsabilidad de ser rigurosos, de mantener una línea editorial que todo lector conoce, pero plural, donde todas las voces se escuchan, garantizando así el derecho a la información que tiene el profesorado.
"La posibilidad de elegir no se puede ofrecer como un privilegio de los afortunados, sino como algo que debería interesar a todas las capas sociales".
¿Qué tres tendencias van a redefinir —y cómo— la educación en España en los próximos cinco años: política, tecnológica o culturalmente?
De entrada me salen dos tendencias: una es todo lo que tiene que ver con la inteligencia artificial, que claramente va a cambiar las reglas del juego. Otra es la salud mental y el bienestar emocional, que también van a cambiar las reglas del juego; son los dos temas de agenda informativa ahora mismo, vayas por donde vayas. Quizá aquí en España también va a seguir impactando mucho el tema de la formación profesional; yo lo metería como un caso muy español porque aquí teníamos ese déficit
¿Cuál es hoy el gran debate educativo que está mal enfocado o deliberadamente simplificado en España?
Yo creo que el gran debate educativo que está mal enfocado es el derecho de las familias a elegir el modelo educativo de sus hijos. Normalmente, se enfoca como si fuera una pretensión de la derecha liberal, pero es algo que habría que inculcar en la opinión pública como un beneficio para todos, votes a quien votes y seas del estrato socioeconómico y cultural en el que estés. La posibilidad de elegir no se puede ofrecer como un privilegio de los afortunados, sino como algo que debería interesar a todas las capas sociales. Es complicado porque ahora mismo se asocia el derecho a elegir y la libertad a las derechas, y yo creo que no es así
"La enseñanza concertada y privada tiene una preocupación holística por los alumnos y una formación integral que las familias reclaman rabiosamente ante problemas como el de la salud mental".
Cuando se habla de libertad educativa, especialmente en Madrid, ¿se está defendiendo un derecho sólido o gestionando un equilibrio político incómodo?
Yo creo que se está defendiendo un derecho sólido, pero la realidad y mi experiencia cuando entrevisto a consejeros de Educación —sobre todo de izquierdas, pero también de derechas— es que lo consideran un equilibrio político incómodo. La prueba del algodón es que inmediatamente te argumentan que quieren mantener una cuota de la concertada y la pública y que son tan neutrales y moderados que no quieren que la concertada baje, pero por supuesto tampoco que suba, sino respetar una cuota de 70-30, 60-40 o 80-20.
A mí esto siempre me ha parecido absurdo porque esa cuota debería variar en función de la demanda de las familias. Puede ser que una comunidad autónoma tenga una pública fantástica que se coma a la concertada porque lo hace muy bien y las familias la prefieren, o viceversa, que haya una concertada muy potente que vaya ganando terreno. Eso es lo que debería ser; los consejeros de educación y las administraciones públicas no son quiénes para establecer cuotas y decir que en una comunidad tiene que ser 70-30. ¿Por qué?
Después de tantos años en la primera línea informativa, ¿qué crees que estamos contando bien y qué mal en los centros privados y concertados?
En la opinión pública se asocia la enseñanza privada y la concertada con capas sociales medio-altas e ideológicamente de centro-derecha, y yo creo que eso no es bueno. Se ha contado muy mal el tema de las cuotas que pagan las familias en la concertada; a veces con poca transparencia, y eso no es bueno porque la gente no es tonta y, cuando percibe que algo no se quiere contar del todo, sospecha con razón. Hay centros concertados que esto de las cuotas lo hacen mal y hay que decir la verdad. En la redacción, suelo decir que nosotros escribimos para los lectores, no para las fuentes: hay que garantizar el derecho a la información de la gente, no canalizar la libertad de expresión de las fuentes.
Por otro lado, se cuentan bien muchísimas cosas, como que la enseñanza concertada y privada tiene una preocupación holística por los alumnos y una formación integral que las familias reclaman rabiosamente ante problemas como el de la salud mental. La pública, al tener que ser neutral y no poder tener un ideario, tiene muchas más dificultades para ese abordaje. También se traslada bien que la concertada es más celosa de la autoridad, el orden y la disciplina, y que hay una mayor implicación del profesorado con el proyecto educativo y el ideario del centro que en la pública, donde a veces el funcionario no tiene ese nivel de implicación.
"A quienes diseñan las políticas educativas les diría que confíen en el profesorado y en las familias, que hagan un ejercicio de confianza y no sean tan paternalistas".
Si pudieras hablar sin diplomacia a quienes diseñan las políticas educativas, ¿qué les dirías?
Nosotros solemos hablar con poca diplomacia porque llevamos muchos años en esto y ya poco tenemos que perder. A quienes diseñan las políticas educativas les diría que confíen en el profesorado y en las familias, que hagan un ejercicio de confianza y no sean tan paternalistas. En plan de provocación, cuando me preguntan cómo me gustaría que fuera la próxima ley educativa, yo digo: 'corta'; que sea breve y no diga muchas cosas para que haya posibilidad de autonomía y de libertad por parte de los centros y del profesorado.
Sobre temas menos diplomáticos, como el pin parental, teóricamente está bien que se dé lugar a que las familias opinen sobre cuestiones controvertidas, pero la medida no es factible desde el momento en que supone desconfianza hacia el centro y el profesorado. El pin parental hay que ejercerlo al principio, cuando llevas a tu hijo a un colegio; una vez allí, tienes que confiar. Les diría que miren sobre todo lo que quieren las familias y lo que necesitan los alumnos.
Por ejemplo, en el debate de las pantallas, el análisis que nosotros hemos hecho, o el que hago yo por lo menos, es que las comunidades autónomas tienen que velar por la salud de los menores independientemente de lo que eso fastidie a los colegios, a la industria tecnológica o a montones de intereses creados. Por más que le caigan críticas al gobernante de turno por parte del sector educativo, tienen que velar por lo mejor para los alumnos. Que piensen en complacer a las familias y no al profesorado con menos horas de clase o facilidades; hay que mejorar los salarios, por supuesto, pero sobre todo pensar en lo que es mejor para los alumnos.




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