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Convivencia y salud mental, protagonistas del Encuentro de Orientadores de CECE Madrid en Tajamar

hace 11 minutos
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Cerca de un centenar de orientadores, coordinadores de bienestar y profesionales de centros educativos se dieron cita el pasado miércoles 28 de octubre en el Colegio Tajamar para participar en el Encuentro de Orientadores de CECE Madrid. Una mañana dedicada a la convivencia y la salud mental en los colegios con un doble enfoque: ofrecer seguridad legal y operativa a los equipos ante situaciones de violencia y aprender a mirar más allá de la conducta del alumnado.


Abrió la jornada Vidal Sánchez, presidente de CECE Madrid, que agradeció al Colegio Tajamar su acogida, un lugar especial para él como antiguo alumno del centro. Dio también las gracias a las ponentes, a nuestro colaborador Aula Siena, gracias al cual pudimos contar con Mercedes Bermejo, y a Sodexo-Mediterránea, también colaborador de CECE Madrid, que ofreció el desayuno a los asistentes. Antes de dar paso a la primera sesión, recordó que detrás de cada conflicto y de cada conducta hay un alumno que necesita que alguien le mire, le escuche y le acompañe.


Protocolos de convivencia en la Comunidad de Madrid: seguridad legal y operativa para los centros


Astrid Rodríguez Rovirosa, coordinadora del Equipo contra el acoso escolar de la Unidad de Convivencia de la Subdirección General de Inspección Educativa (SGIE), ofreció una sesión muy práctica sobre los protocolos de actuación ante situaciones de violencia, acoso escolar y problemas de salud mental, de obligado cumplimiento en todos los centros con alumnado menor de edad. Recorrió sus fases, desde la notificación por sospecha hasta el cierre, y dejó una idea clara: ante la simple sospecha, la inacción no es una opción. Basta una verbalización para activar el protocolo y poner en marcha un plan de protección cautelar para el alumno.


La ponente insistió en que el protocolo es una herramienta para proteger y reeducar, no un procedimiento sancionador ni una acusación: su finalidad es amparar a la víctima y reconducir a quien agrede, mientras que las sanciones se tramitan por la vía del Decreto de Convivencia. En esa línea, explicó la figura del profesor esclarecedor, término que se prefiere al de «instructor» para no judicializar la vida escolar, y destacó una novedad que despertó mucho interés: el protocolo de acoso ya no implica una comunicación automática a Fiscalía, que queda reservada a situaciones concretas.


Abordó también otras cuestiones muy presentes en el día a día de los orientadores, como la distinción entre los protocolos de conducta suicida y de autolesiones, los criterios que definen el acoso escolar (reiteración, intencionalidad y desequilibrio de poder, aunque en el ciberacoso basta una sola difusión masiva) o la derivación a servicios especializados ante adicciones tecnológicas o consumo de sustancias.


Tras la primera ponencia, los asistentes compartieron un desayuno ofrecido por Sodexo-Mediterránea, un rato para seguir la conversación, reencontrarse con compañeros y conocer a orientadores de otros centros.


Lo que la conducta nos cuenta: no hay aprendizaje sin vínculo


La segunda sesión corrió a cargo de Mercedes Bermejo Boixareu, psicóloga sanitaria, terapeuta familiar sistémica y directora de ESEUPE, que nos acompañó de la mano de Aula Siena. Partió de una idea: somos seres sociales y necesitamos sistemas de pertenencia para construir nuestra identidad, diferenciarnos y desarrollar un pensamiento crítico. Una certeza que conecta de lleno con el lema de CECE Madrid para este curso, «Somos porque pertenecemos», y que resumió en una frase que recorrió toda su intervención: no hay aprendizaje sin vínculo.


Recordó que hasta el 70 % de los problemas de salud mental en la edad adulta tienen su origen en heridas de la infancia, y que cuando un niño no encuentra un entorno seguro para expresar lo que le pasa, ese dolor se somatiza. En los casos más graves, explicó, la conducta suicida, que en España se cobra unas once vidas al día, responde al deseo urgente de dejar de sufrir, no de morir. Detrás de cada conducta hay siempre una emoción, principalmente alegría, tristeza, enfado o miedo, y el lenguaje principal con el que los niños la expresan es el juego.


Se detuvo también en las pantallas: privación de sueño, diagnósticos de TDAH que a veces esconden falta de descanso, picos de dopamina comparables a los de una adicción y, sobre todo, todo lo que los niños dejan de hacer mientras las usan. De ahí la recomendación pediátrica de cero pantallas hasta los 6 años y un uso muy acotado después. Pero puso el foco igualmente en los adultos: cuando los padres miran el móvil, dejan de mirar a sus hijos, les restan tiempo de calidad y les enseñan un hábito que repetirán. Todo ello, insistió, erosiona el vínculo.


La conclusión fue clara: ante cualquier conducta, hay que mirar más allá de ella, a la persona y a las relaciones que la sostienen. Y en esa mirada los colegios tienen mucho que aportar. Según el Estudio de la Felicidad de Harvard, la calidad de nuestras relaciones es lo que más influye en la felicidad y la longevidad, y cuando la familia falla, el vínculo con un docente o un orientador puede convertirse en un refugio capaz de reparar el daño.


Un espacio para compartir retos y experiencias

Ambas sesiones se cerraron con un turno de preguntas: compartir experiencias, dudas y retos. Porque los orientadores conocen como nadie el día a día de los centros, y escucharse entre ellos es también una forma de aprender.


Gracias al Colegio Tajamar por abrirnos sus puertas, a Astrid Rodríguez Rovirosa y a Mercedes Bermejo Boixareu por su generosidad y su conocimiento, a Aula Siena y a Sodexo-Mediterránea por su compromiso con CECE Madrid, y a todos los asistentes por hacer de esta jornada un espacio de diálogo y confianza.


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